La vida, por senderos distintos, nos reunió ayer sábado en Sanlúcar la Mayor. Junto a la iglesia mudéjar de Santa María. Él llegaba con el peso de los años y un equipaje de experiencia por los mundos de Dios.
Me planté delante dejando un segundo, no más para el reconocimiento, la iniciativa mutua fue abrazarnos. Como si fuera ayer.
Antonio comenzó a recitar nuestras amistades comunes de aquellos tiempos. Pero se detuvo especialmente en Carmela y María Antonia, dos almas que amaban a la juventud y abrían la puerta de su casa para nuestras reuniones. Mencionó el club de la calle Espejo en los bajos de la familia Fuentecilla, JUPABE, EL CRECLUC y la Plaza de las Cadenas donde recogía octavillas, para volver a lanzarlas.
Antonio está en la saga de los guitarristas consagrados de Bellavista: Maestro Leo, Isidoro Carmona, Antonio Gámez, Niño de Pura… Y los que vendrán. Ha acompañado a los más grandes cantaores, y ha tocado especialmente para su mujer, bailaora moronera de raza: La Debla.
Un amigo común, Paco Cruzado, gran maestro y compositor de la guitarra de Huelva me dijo: Antonio ha sido pionero en Japón, abrió las puertas al gremio.
Con trece años me acompañó un romance que escribí a mi padre. Fue en JUPABE, en las veladas literarias que organizábamos, debía ser 1976.
Pero donde rompíamos la pana era en mi casa del Cortijo. A la fiesta se sumaba mi padre que se arrancaba por ese fandango flamenco que empezaba «Una Cordera...» Y que Manolo Caracol había cantado en los 50.
Cuando Santiago cantaba «una cordera» ya sabíamos que llegaba alegre, del disfrute de la amistad.
Un día replegué velas en el barrio y también hice un viaje a destinos más inciertos y horizontes renovados.
Ayer después de más de cuarenta años con el fuego que animaba la plazoleta volvimos a encontrarnos. Él está atado a la guitarra, como cuando la paseaba por el barrio en su juventud.
Benditos años aquellos… Y estos… Que la vida nos ha regalado.
J.Nieto. 07/12/2025
Centenario de Bellavista. 1925-2025