Para entender lo que almas creativas tuvieron la grandeza de PONER EN MOVIMIENTO, hay que entender el momento anterior a su elaboración plástica. Vivíamos un tiempo que se prometía transformador en los aspectos personales y en las libertades prometidas por el nuevo sistema político. Habíamos pasado la frontera del cambio de régimen, pero nosotros no éramos gente que se amoldara fácilmente a lo políticamente correcto, queríamos más y estábamos dispuestos a experimentar en los límites de la libertad conquistada.
Hicimos la transición junto a otros jóvenes del barrio, que se habían sumado a formaciones políticas o bien adscritos en otros clubs juveniles, pero hubo un grupo que la vivió desde tres premisas fundamentales: ver, juzgar y actuar. Esta era la metodología del Movimiento Juvenil, del Movimiento Junior, de la JOC y de la HOAC. El Movimiento Juvenil estaba inserto en JUPABE y del Junior iban subiendo jóvenes que pasaban a otro entendimiento y necesidades, incorporándose al grupo ya consolidado como nuevos miembros de este club parroquial.
De esta necesidad de comprobar existencialmente las fronteras de nuestras propias personas, abriendo vías de conocimiento corporal y espiritual y de explorar nuevas posibilidades en las relaciones humanas, relaciones asamblearias y sin entrega al poder establecido, nos embarcamos en la aventura de la CASA DE LA CULTURA.
Nuestro experimento social de transformación y elevación de la cultura popular de base. Un espacio de gobierno no directivo que puso en marcha la biblioteca, los juegos florales de poesía y cuento, las veladas de teatro, la psicomotricidad relacional, el conocimiento del cuerpo en movimiento, las quincenas culturales, vive el barrio en verano: pintura, artes y oficios, ganchillo, modelado, cerámica, encuentros de fuerzas juveniles, y todo mezclado en un espacio que producía una alquimia interior, cuya reacción tenía que desbordar el recipiente.
Elevamos nuestros horizontes y buscamos la perfección y la belleza con verdadera pasión. Entonces “tomar la calle y convertirla en espacio escénico” nos movió a salir en el primer PASACALLES, casi con nuestros propios cuerpos y con pocos elementos diseñados. Pero tomamos la calle, sin permisos, ni avisos de cortes de calles. Tomamos la calle. Como forma de manifestar nuestro deseo de poder. Un poder que no se plegaba a la forma política, pero era político. La presencia de Domingo Martínez como artista plástico, y después de Jaime Blanco y posteriormente de Juan Carlos dinamizó aquel germen convirtiéndolo en un verdadero espectáculo de vida, arte y compromiso. No podemos perder de vista, que hasta el final del Grupo Prida, años 98-99, desde los 80, durante dos décadas, la Asociación de Vecinos se llenó de la dinámica de nuestros jóvenes tomando responsabilidad en el trabajo por el bien común en nuestro querido barrio.
Pandora fue una escuela de aprendizaje comunitario y social. Fue la continuación de un camino que generó hombres y que entonces llegaban a nuestro conocimiento. Un grupo que generó una experiencia rica para la vida a la que cada uno hubo de dar respuesta.
Hoy la vida nos ha devuelto a reconocernos, a juntarnos, a abrazarnos. Y aquí el Centenario cumple uno de sus más altos objetivos: producir encuentro y reunión. Lo que venga no está programado, pero si la expectativa de que la esperanza en un mundo mejor sigue estando en nuestras manos y corazones.
DISFRUTEMOS DEL ENCUENTRO Y QUE NO TERMINE AQUÍ. SALUD Y PAZ.
J. Nieto Centenario de Bellavista 1925-2025. mujeres conscientes y abiertos a los movimientos alternativos