El Centenario de Bellavista rinde homenaje a la Asociación de Vecinos Unidad, que ya cuenta con más de medio siglo de historia.El Salón de Actos del Centro Cívico de Bellavista se vistió de gala la tarde de este martes 2 de junio para celebrar una jornada cargada de memoria, emoción y gratitud. Bajo el lema «Bellavista, 100 años de acogida», el Área de Historia de la Asociación Cultural Centenario de Bellavista y la AVV Unidad sumaron fuerzas para rendir un sincero tributo a la fuerza vecinal, el verdadero motor que ha impulsado cada mejora en el barrio a lo largo de su historia.

El acto fue inaugurado por Joaquín Nieto, presidente de la Asociación Cultural Centenario de Bellavista, quien ofreció un viaje en el tiempo repasando «la historia jamás contada» del barrio desde los años 20 a los 70. Nieto rescató del olvido la gran labor social y cultural del Ateneo y la figura, entre otros, de Segundino Aparcero —fusilado durante la Guerra Civil y estudiado por Diego Valle—. Asimismo, abordó momentos clave como el paso administrativo de Bellavista de Dos Hermanas a Sevilla, los duros años del hambre y la represión, destacando el papel pionero de la Comisión Mixta, que logró unir a «las dos Españas» mucho antes que en el resto del territorio nacional, así como la función social del Casino.
Tres presidentes, una misma lucha
El núcleo central del evento fue una mesa redonda que reunió a tres presidentes de la Asociación de Vecinos Unidad: Antonio Andrade, Manuel Pena, y Alberto González, quienes compartieron anécdotas y pusieron en valor el trabajo social que transformó el barrio.

• Educación y bienestar: Manuel Pena y Antonio Andrade recordaron los inicios de la Junta Colaboradora y sus vitales gestiones. Pena destacó un hito histórico: Bellavista llegó a ser el único barrio de España donde el 100% de los niños estaban escolarizados, además de lograr la creación del Hogar del Pensionista. Andrade puso especial énfasis en la manifestación de jóvenes de 1968, gracias a la cual se crearía la Junta Colaboradora Municipal que José María Bravo aprobó en 1970.
• La rebelión de los 90: Antonio Andrade rememoró la época de dejadez que sufrieron Bellavista y otros barrios periféricos en la década de los 90. Este abandono institucional propició que en 1994 se presentara en el hotel Doña Carmela un documento histórico solicitando la segregación de Sevilla. Esta iniciativa captó la atención del Ayuntamiento y un cambio de actitud por su parte que desembocó en mejoras para Bellavista a partir de 1995.
• Identidad y transporte: Por su parte, Alberto González definió a Bellavista como una combinación perfecta entre «pueblo y barrio», ensalzando su carácter reivindicativo y luchador. González recordó el estado de las calles “repletas de barro”, las batallas por el transporte urbano, las manifestaciones que lograron detener las más de cien muertes registradas en la nacional IV a su paso por el barrio y una victoria vecinal histórica narrada por Pena: la oposición a un paso elevado en el paso a nivel del tren, logrando que se construyera de forma subterránea, tal y como está hoy en día.
«A día de hoy tenemos casi un 90 por ciento de las cosas que necesita Bellavista», se afirmó con orgullo durante el debate, evidenciando el éxito de décadas de insistencia ciudadana.
Mirada al futuro y relevo generacional
A pesar de los logros que hoy disfruta el barrio, la mesa redonda no solo vivió de la nostalgia, sino que sirvió para marcar la hoja de ruta de los próximos retos urgentes para Bellavista:
1. La construcción de un nuevo centro de salud.
2. Un nuevo centro de mayores y más vivienda pública.
3. La llegada del metro soterrado hasta el Hospital de Valme.
4. El gran desafío social: motivar a la juventud para asegurar el relevo generacional al frente de la lucha vecinal.

El broche de oro de la jornada lo puso la proyección de un emotivo vídeo conmemorativo por los 54 años de la Asociación de Vecinos Unidad. Para cerrar el acto, Joaquín Nieto hizo entrega de un obsequio muy especial a los ponentes: una reproducción en 3D del logotipo de la Asociación, símbolo imperecedero de la unión de un barrio que cumple un siglo sabiendo que su mayor patrimonio son sus propios vecinos.

