Hubo un tiempo en que nuestra zona marcaba tendencia en la imagen de Sevilla. Fue muy al principio, entre 1926 y 1930. En esos años se imprimía estos huecos grabados por la imprenta Fournier en Vitoria.
Su objeto era la venta como souvenir de la ciudad en sus Fiestas Mayores. Era un espectáculo observar el paso y encierro de corridas en los corrales, entonces de madera, en la Nueva Venta Antequera.
Allí se desplazaban los vecinos y aficionados de Bellavista y otros que venían desde Sevilla.
Para nuestros mayores, especialmente los que vivieron aquella época, esta actividad quedó grabada como un elemento mítico del comienzo del barrio. Y se contaba en las noches de invierno, al calor del brasero, con unas castañas recién asadas a la brasa.
En casa de Pepe El Vinatero, una de las primeras casas de Bellavista construida en el cerro, en el local abierto al público como taberna y despacho de vinos, estaban expuestas. Tanto Onofre Marín, como yo, las vimos colgadas en aquella casa. Donde solíamos parar después de los partidos de baloncesto. Una especie de santuario con los recuerdos más antiguos que conocíamos.
J. Nieto. Centenario de Bellavista 1925-2025